viernes, 30 de septiembre de 2011

Y nos vemos nuevamente sumergidos en otra crisis, económica, política, existencial. Y la historia se vuelve a repetir, comenzando un nuevo ciclo de destrucción creativa, o la ya conocida dupla de crisis y oportunidad. En un momento, la euforia de los mercados y al otro, el pesimismo de un futuro abrumador. Y vemos caminar a los espiritus animales, como en forma aleatoria, cual paso de borracho, y su paso por nuestras vidas deja un impacto significativo, directa o indirectamente. Nos alejamos y nos vemos atomizados, sin capacidad de enfrentar a tal masa agregada de espiritus, ya tome forma de toro o de oso. Sea cual fuere la manifestación externa, como consecuencia de la agregación de los impulsos individuales nos vemos obligados a reflexionar acerca de la "realidad" que nos circunda. Una reflexión que mientras más lejos estemos de realizar, más prolongada será la perpetuación de la situación actual, donde pretendemos ascender materialmente pero sin perder el rumbo del sentido de nuestra existencia.
Y finalmente nos encontramos con la difícil decisión de intentar materializar un cambio, inmaterial, abstracto, no logrado anteriormente por todos aquellos que se lo propusieron. Qué nos lleva a pensar que somos diferentes, distinto de todo pasado, más capaces que los inútiles que nos precedieron, más racionales que los irracionales que perecieron?

La respuesta esta en en un simple, o no tanto, estudio histórico, desprovisto de las visiones parciales que lo suelen teñir, para entender puramente los hechos, identificar las causas cuando sea posible y tener un mejor entendimiento del ciclo, circo, repetición en el que vivimos.
No sin antes complementar con una buena dosis de metafísica, aunque no del tipo dogmatico para rescatarnos o al menos aliviarnos de esta crisis general de la existencia.

No olvidemos comprar provisiones para cuando colapse la confianza y con ella el sistema fiduciario; acaparen mientras puedan, espiritus libres.

poesía, c'est ne pas



vuelvo en el tren leyendo poesía. el viaje se me pasa en instantes de ojos húmedos, cosas raras en la panza, y sonrisas secretas. no me puedo explicar qué es lo que hace poesía a la poesía, no más que lo que me puedo explicar qué es lo que hace rojo al rojo o dulce a lo dulce. leer poesía es usar otro sentido más: es tomar una textura o un sonido o una imagen de donde sea que guardamos nuestros recuerdos, y combinar todo eso, y sin saber cómo, inventar algo distinto, que es muchísimo más que las partes que se usaron. ese algo es, a veces, una sensación tan gigante y nueva que puede dejar una huella indeleble. el universo se queda quieto de repente, y nada es como antes.


sábado, 24 de septiembre de 2011

la excusa (la náusea)


Harta estoy de la gente que tiene hijos. No, no me interesa lo que tu horrendo retoño hizo o dijo. No me interesa tener uno, tampoco. Lo único en lo que puedo pensar es: ¿cuál fue el momento exacto en el que descubriste que necesitabas una nueva excusa, otro estandarte, una causa por la que vivir? ¿fue cuando te diste cuenta de que no tenías prácticamente ningún talento, ninguna anhelo, ninguna pasión quemante? ¿nada que consumiese tus benditas noches libres, y hasta parte de los días en los que oficiabas de esclavo en algún trabajo sin sentido?
Tener un hijo es renunciar. Es empezar una nueva vida dedicada al patetismo terrible de la vida de la madre o el padre. Es negarse a una misma, y no por ninguna razón noble ni altruista ni deliciosamente decadente, sino porque lisa y llanamente no se lleva nada inmortal dentro. Y lo irónico es que justo cuando te das cuenta de tu magnífica ineptitud y vacuidad decidís obsequiarle al mundo una cuasi-réplica tuya, que al menos te va a dar algo para hacer. Todos nos morimos por algo para hacer.
Que alguien me explique porque es deseable para tanta gente que la raza humana se perpetúe porque no lo puedo entender. Quisiera entender la mala fe de quien decide tener un hijo aún conociéndose a sí mismo. Y por favor, si estás leyendo esto y sentís que tenés mucho amor para dar, conseguite un hobby; armá barcos adentro de botellas, acariciá un hamster, o comprate una escopeta y masacrá a tus compañeritos de la escuela o del trabajo, pero no nos regales otra versión tuya, que no estamos preparados para tanto.

Hay veces que no tenemos nada para decir...



El crew de MGN se tomó un receso y decidió no volver. Andaba por el barrio y me pareció interesante ver qué había sido de este espacio y, "Lo!", aquí está... intacto. Ahora hay nueva interfaz de blogspot y me muestra un gráfico que me dice las visitas que hubo. Y resulta que hay alguna gente que ha estado entrando en este blog... por error, me imagino. Seguramente sea gente buscando porno en google, el título de este blog se presta a esa confusión. A estas alturas ya no tengo ningún tipo de esperanza de que aquellos desamparados y sin rumbo caigan en este blog y se detengan a alimentar su alma, por lo que cedo a sus intereses...



... y de paso fomento la industria argentina.


Ayer después de uno de mis últimos parciales de la carrera me hice un twitter. Aham. Un twitter. Tardé mil años en ponerme un nombre, porque es jodido encontrar uno que sea serio pero al mismo tiempo diga "no, no soy de esos...". Hasta pedí ayuda a una amiga que se precia de wannabe-comunicacionista. Y preciarte de "wannabe-"... es algo. Lamentablemente todas las opciones que le tiraba me las rechazó, desde la completamente neutra "anónimo01" hasta mi preferida "lexluthor". Con ese nombre sabés qué! No me para nadie.

Viste que cuando entrás a una red social nueva, empezás a probar todas las funciones que solo usan los yanquis - "y para qué es esto?" "mmm no sé, es algo que se usa allá", como si habláramos de las vasijas gigantes de una civilización perdida o algo así. Bueno sí, capaz solo a mí me pasa eso. Y no tengo límites. Ayer empecé a seguir a cualquier persona que se me cruzara por twitter. Entendiendo que "seguir" a la gente era la única función de esa innovación social dije "no voy a ser menos que nadie" y allí voy. Horas más tarde, alguien se me acercó a decirme "sabés, es importante que mantengas un equilibrio cuantitativo entre tus seguidores y las personas a las que seguís... como parámetro meramente social te digo". Así que estoy eliminando gente. Espero que la presidenta no se ofenda conmigo. No la voy a votar, de cualquier manera - y eso ella lo sabe, ya lo charlamos -, pero espero que no se lo tome personal!



No querés que se enoje con vos.

Por otro lado, ya voy 14 "twits" y no dije nada interesante aun. Pero desde que me hice usuario tengo este sentimiento de que a todos les vienen cosas interesantes a la cabeza para contar. Y TODO EL TIEMPO. No una o dos veces al día, sino que permanentemente. Siguiendo los consejos de mi médico especialista en psíquis humana (no es un psicólogo eh! no soy de esos...) no voy a entrar en el tema "Por qué son todos más graciosos que yo?!", pero sí quiero decir que es mucha presión esto de las redes sociales!

Yo sé igual que me están engañando. Los conozco, no son tan interesantes. Y sin embargo yo no puedo pensar ni una cosa divertida en el día de hoy. Voy a terminar cayendo en la tentación de twitear una frase de alguna canción que hace cuatro años que no escucho pero recuerdo que su letra estaba bastante buena, era pegadiza y tenía esa profundidad secreta que solo los poetas encubiertos encontramos. Y si sumamos a todo esto que esas letras yo ya las posteaba a facebook, ahora si tengo que buscar dos por día es casi como un laburo. Conozco gente a quienes les pagan por hacer mucho menos que eso... MUCHO menos. Algunos hasta disfrutan lo que hacen! De no creer, no?

Eehhh cómo era esa canción?... uai...emsi..ei...

Todo esto me lleva a preguntarme: ¿qué es este sentimiento de necesidad respecto de maximizar todas mis posibilidades de expresarme masivamente? En gaucho: para qué carajo me meto en estas redes sociales. Son todo un laburito eh! Hay que cuidar la imágen, cuidar a quién seguís, quién es tu amigo, etc. etc.. Y lamentablemente no estoy hecho para todo eso. Por otro lado, puedo aprovechar mi inocencia para hacer todo lo que yo quiera sin levantar revuelo. Como ese vago en el cuentito ese de Wili Shakespier, se, el del Julio Cesar... buen, no importa, ya fue. Tomá, acá tenés lo que querías.

De exportación, realmente.