miércoles, 27 de enero de 2010
estática, extática
domingo, 24 de enero de 2010
Highlights de anoche
En la parada de bondi, esquina tal y tal. Hay un semáforo, ahora en rojo. LLegan los primeros autos para esperar. El más cercano a la vereda -con inusual cercanía, creo recordar ahora- lleva la ventana de copiloto baja, enmarcando la cara expectante de un asesino impío. Trato de evitar contacto visual (cualquiera hubiera hecho lo mismo ante un rostro desmedidamente asesinesco como el que me miraba en dicha ocasión). Agotada mi paciencia, me dispongo a iniciar una confrontación cuando, en una seguidilla fugaz de eventos, la luz del semáforo se averdea, el motor del auto ruge vigorosamente y despega mientras una nube de cristal blanco golpea mi cara al grito de "¡Sal!".
viernes, 22 de enero de 2010
Desconocimiento acumulado
Me sumerjo en el mar de las sensaciones vividas y no encuentro ninguna que desee en este instante. Intento reducir mi volición al mínimo, restringiendome a satisfacer las necesidades básicas. Sin embargo la actividad cerebral exige cierto consumo de energía corporal que no puede ser satisfecho de otra forma que alimentando el cuerpo, por lo que sigo atado, cadena mediante, a la vida terrenal.
A partir de este punto, se originan miles de cadenas causales que me oprimen contra el suelo. Siento la pesada carga de llevar todo el pasado – lo que me trajo-, el presente – lo que estoy siendo- y el futuro – lo que puedo llegar a ser- encima. La sucesión de causas ad infinitum es abrumadora pero no deja de ser necesaria. Todo sucede por alguna causa, razón o circunstancia.
Nosotros, esclavos de las circunstancias, nos sentimos reprimidos de no poder ejercer el libre albedrío a la vez que nos sentimos excusados de cualquier obligación moral. Fácil es ser dirigido, difícil es guiar. Esto se traduce en una explicable tendencia de mediocres hacia el relegamiento de responsabilidades. Si tan sólo pudiéramos elevar nuestro espíritu aunque sea un poco, qué amena sería nuestra estancia temporal.
Recopilo recuerdos dispersos en diversos rincones de mi mente. La alegría, efímera como de costumbre, reside en las cosas pequeñas, casi imperceptibles. Un gesto, una expresión, un momento que tal como viene, no vuelve más. Carpe diem sería trillado e inadecuado. Mejor es: “Vive cada día como si fuera el último, y actúa de forma tal que nunca te arrepientas de lo hecho”.
El placer proveniente de la felicidad no es inherentemente reprochable. Lo que es sumamente despreciable es la infinita ambición de poseer la felicidad constante. Como si la elusiva felicidad se pudiese guardar en un cajón y poseer como un objeto. Ese concepto de propiedad que se llevó al extremo en la sociedad burguesa es lo que nos deja parados donde estamos. Ni estoicismo, ni éxtasis dionisíaco. Apreciemos lo que tenemos, no envidiemos lo que no podamos tener y sobre todo actuemos irreprochablemente. Unas simples normas, para una simple vida.
Tomando decisiones, Parte I
"Hola. ¿Qué necesitas?"
"Estoy viendo..." ¿Qué necesito? Unas buenas vacaciones me vendrían bien. Una pileta o mejor nieve o algo para tomar. Sí, algo para tomar. ¿Pero qué? "¿Qué tenés para tomar?"
"..."
Piensa que lo estoy jodiendo. Sí, ya sé que la heladera está ahí, y que es transparente... a ver, una gaseosa, con el calor que hace... no sé... mejor un agua. ¿Pero cuál? ¿Gasificada o no? ¿Y si voy por la afirmativa, finamente o bruscamente gasificada? ¿Agua sin más, o con algún sabor? ¿Y sabor a qué? Sabor a naranja no puede fallar. ¿Pero jugo de naranja, o agua saborizada, o algo en el medio? ¿Y a quién le importa si es jugo de naranja o agua saborizada y finamente gasificada o con una garrafa de GNC? ¿Y si solo pido un agua? "Dame un agua, por favor".
"¿Cuál querés?"
"Y, no se, cualquiera." Seguro elige la más cara el forro este. Mirá, y sí, me enchufa la que nadie quiere. "Gracias."
"¿No tenés algo más chico? ¿De dos, o treinta centavos?"
"No, nada" y me quiere sacar el cambio también. Chorro. Como todos. "Bueno gracias, buen día". Y así es como estamos. ¡Uno quiere comprar un agua y le estafan asi nomás! Y encima esto qué es, que ni es agua. ¿Kiwi y durazno? ¿A quién se le ocurre hacer algo así? ¡Pero si están todos locos! Como si tuviera poco en este país, con la manga de inadaptados que son nuestros políticos, ladrones. Parece que es una cultura de aprovecharse de la gente honesta como yo, que trabajo para mantener una familia sin molestar a nadie, y pago mis impuestos. Y ahora qué más quieren de mí, ¿eh? Este país necesita gente que haga algo para solucionar todo. Gente como yo. No, yo no, ni loco. Yo pago mis impuestos.