El cielo es todo naranja y rojo; el día se desangra y el cielo se llena de esos colores. Sentada en una de las sillas del aeropuerto, veo como el día se despide, y pienso. Pienso en mí cuando era más chica, y en mi obsesión por terminar de caminar la cuadra antes de que me pasen más de tres autos porque si no mi tía preferida se iba a atragantar y morir; en las risas de mis amigas del colegio cuando se enteraron de que todavía nunca le había dado un beso a un chico; en la vergüenza negra de ser elegida última por ser tan mala jugando al hockey; en la indecisión que me daba elegir mi ropa, que nunca me gustaba ni me quedaba; en el miedo y después pánico que sentí cuando me dijeron que era joven y que ésos eran los mejores años de mi vida y me di cuenta de que desde ahí todo iba a ser cuesta abajo.
Mientras una chica flaca y linda se me sienta al lado, elegante y con aire de tengo-confianza-en-mí-misma, y habla con un hombre que parece estar meditando, yo pienso en que no tengo idea de qué hacer con mi vida. Los demás parecen tan seguros, fuertes, y enamorados; y yo sigo consiguiendo trabajos que cualquiera podría hacer, y volviendo a mi casa cada vez más vieja y cansada, comiendo un poco más cada noche para poder dormir. Y pienso en que en una reunión familiar o en alguna fiesta en no mucho tiempo ya voy a ser 'grande' y voy a quedar ligeramente fuera de lugar, como un adorno ridículo que nadie se decide a tirar.
Pero por mucho que trate no puedo ser como los demás, tranquilos, ubicados, verdaderamente ellos mismos: los siento tan lejanos como si fuésemos de razas distintas. Y tengo miedo de que todo lo que estuve pensando que viví haya sucedido en realidad, y de que yo sea esa persona que nunca va a ser una persona como las demás: tengo miedo de que mi vida no haya sido una mal sueño. De deslizarme de a poco en una rutina que me aplaste. De convertirme en una vaca, asustadiza y complaciente. De encontrarme con que me ganó el alcohol. De no disfrutar más de la música. De hablar y hablar y decis las idioteces más grandes y no darme cuenta. Y de ser vieja y estar muriéndome sin haber despertado nunca.