Una vuelta por el supermercado siempre me ayuda a sacarme la tristeza de encima. Hay luces blancas, personas desfilando con sus carritos, música suave, y encantadores hombrecillos grises (¿duendecitos, tal vez?) con walkie talkies, que te persiguen y se asoman para espiarte entre las góndolas si te guardás un pote de mayonesa. Se ven algunas caras que reflejan el placer que sólo se siente al comprar y comprar, y otras caras que se acercan casi levitando a la caja. Una vez allí todos son recibidos por relucientes mujeres israelíes de mediana edad en campanas de obsidiana. Otros transeúntes se arrastran por el suelo, haciendo como que miran los precios; porque yo sé que en realidad miran lo que los demás llevan en los carritos y piensan en qué artículos les podrían meter sin que se den cuenta y así quizás cambiar sus vidas. Una anciana con un monopatín eléctrico se desliza silenciosamente por el parquet color violeta. De repente me acuerdo de que necesito un poco de pan, así que me acerco haciendo cabriolas a la lámpara del genio del pan, y la froto. El genio me concede tres kilos, y me hace un descuento por cabriolas, y me regala unas habichuelas. Me vuelvo a casa un poco menos triste, porque me gusta ir al supermercado.
domingo, 28 de febrero de 2010
en el supermercado
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Que clase de habichuelas eran???
ResponderEliminarhay magicas por ejemplo, rosadas, verdes, legumbres y las que proceden de un arbusto chillon.
Gracias por compartir tu felicidad con nosotros!
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