miércoles, 7 de abril de 2010

Circularidad de las esferas.

No hay peor cosa que escribir algo por obligación: un ensayo para entregar, un libro para publicar o una partitura para producir. Bueno, en realidad sí existen mayores calamidades que bajo las circunstancias actuales se ven tan remotas como aquellas nubes de tormenta en el horizonte. La obligación en el plano de la expresión intelectual opaca el ejercicio del pensamiento.
Y ante tan oscura perspectiva, no queda otra alternativa que refugiarse en la ligera sonoridad de las notas de un Impromptu Op. 66, cuyas palabras susurran la inmortalidad de un espíritu eterno.
Mientras escucho tal himno a la "perfección" escribo estas palabras y a su vez paralelamente un trabajo cuya obligatoriedad sofoca mi mente.
Y de repente, comienzan de nuevo los cinco minutos de elevación. Repetición tras otra llego a la situación en donde si no cesa la digitación continua de las teclas me voy a sentir obligado a inmolarme por un dios poco convencional.


2 comentarios:

  1. Nada como lo que uno esta obligado a leer!
    quizas pero que lo que uno esta obligado a escribir pero mejor a lo que uno esta obligado hacer en prision.

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  2. No soy TAN omnipotente como para corregir tu comentario, Kal. Pero al menos yo entendí que ese primer "pero" es en realidad un "peor".

    Sin palabras para Llopin, porque no entendí nada.

    Espero que no sigan así.

    Los aprecio cordialmente.

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