Y ante tan oscura perspectiva, no queda otra alternativa que refugiarse en la ligera sonoridad de las notas de un Impromptu Op. 66, cuyas palabras susurran la inmortalidad de un espíritu eterno.
Mientras escucho tal himno a la "perfección" escribo estas palabras y a su vez paralelamente un trabajo cuya obligatoriedad sofoca mi mente.
Y de repente, comienzan de nuevo los cinco minutos de elevación. Repetición tras otra llego a la situación en donde si no cesa la digitación continua de las teclas me voy a sentir obligado a inmolarme por un dios poco convencional.
Nada como lo que uno esta obligado a leer!
ResponderEliminarquizas pero que lo que uno esta obligado a escribir pero mejor a lo que uno esta obligado hacer en prision.
No soy TAN omnipotente como para corregir tu comentario, Kal. Pero al menos yo entendí que ese primer "pero" es en realidad un "peor".
ResponderEliminarSin palabras para Llopin, porque no entendí nada.
Espero que no sigan así.
Los aprecio cordialmente.