Tener un hijo es renunciar. Es empezar una nueva vida dedicada al patetismo terrible de la vida de la madre o el padre. Es negarse a una misma, y no por ninguna razón noble ni altruista ni deliciosamente decadente, sino porque lisa y llanamente no se lleva nada inmortal dentro. Y lo irónico es que justo cuando te das cuenta de tu magnífica ineptitud y vacuidad decidís obsequiarle al mundo una cuasi-réplica tuya, que al menos te va a dar algo para hacer. Todos nos morimos por algo para hacer.
Que alguien me explique porque es deseable para tanta gente que la raza humana se perpetúe porque no lo puedo entender. Quisiera entender la mala fe de quien decide tener un hijo aún conociéndose a sí mismo. Y por favor, si estás leyendo esto y sentís que tenés mucho amor para dar, conseguite un hobby; armá barcos adentro de botellas, acariciá un hamster, o comprate una escopeta y masacrá a tus compañeritos de la escuela o del trabajo, pero no nos regales otra versión tuya, que no estamos preparados para tanto.
No estamos preparados para tanto pansy! Me excita tu odio.
ResponderEliminar